Paradojas y estrés, características de nuestro tiempo:

 

“Dice el mentiroso, -“Esta frase es falsa”, si la frase es falsa , es falso que esta frase es falsa, es decir la frase es verdadera. Si en cambio “la frase es verdadera”, es cierto que esta frase es falsa es decir la frase es falsa.”

(Ejemplo de paradoja hallado en Internet).

 

“Paradoja de la suerte: es de mala suerte ser supersticioso”

 

El declive de la economía mundial ha traído como consecuencia antónimos que compiten entre ellos para convertirse en sinónimos, o sinónimos que se divorcian para volverse rivales. Todo se trastoca, negocios que eran buenos ahora son los peores, negocios malos florecen silvestremente. Esto me ha tocado vivirlo y sufrirlo en los Estados Unidos, donde la tortilla se volteo y no terminamos de sacar la cabeza del fuego del sartén.

En mi reciente visita en Venezuela he comprobado con gracia que las paradojas crecen como levadura y precisamente para procurar el pan.

Salimos a comprar una camisa para el mundial de football a mi hijo, y terminamos adquiriendo “la copia original”. Escuchando una conversación ajena una amiga le recomendaba a otra aquel producto que era “naturalmente artificial”..

Nos hemos sumergido en un mundo paradójico donde ya no sabemos lo que es contradictorio de lo que es real. ¿Dónde se pasa la línea de lo correcto con su opuesto? más bien se desdibuja lo incorrecto para fundirse con su homólogo. Aceptamos y otorgamos.. Aceptamos la paradoja, que ya no es más un paradigma o un dilema.

Otro mal (¿será mal o bien? ya no lo se..) de nuestro tiempo es el bendito stress, todo el mundo se queja de él. Es el causante de nuestro mal humor, de la falta de concentración.. cuando no se consigue la causa de una enfermedad antes se decía que era un virus.. ahora es el estrés. La gente se conglomera en la búsqueda desesperada del antídoto de este mal; unos en parques públicos a practicar yoga, otros en los salones de masajes terapéuticos o en las oficinas de los psicólogos y astrólogos.

En la era de las comunicaciones, se nos atiborra el cerebro de informaciones que no podemos procesar, nuestras conversaciones van muy rápidas con respuestas instantáneas que pese a la distancia se reciben en milésimas de segundos. Ya por ejemplo en una carta ente amantes que rompen su relación o entre jefes y empleados que se despiden, las verdades se dicen sin mirarse a los ojos, sin tino ni mesura en palabras frías que llegan a través de la pantalla.. Esto por supuesto causa stress. Las cuentas, los hijos, el bombardeo de malas noticias en los medios de comunicación.

De nuevo en una de esas conversaciones ajenas que espío detrás de mi café, dos amigas comentan entre ellas:

—ese tipo, esta full de stress, yo le he dicho, lee la Biblia, cómprate un gato…

¿Será que con las meditaciones aclararemos el camino, discerniremos los dilemas y combatiremos el estrés?

¿Habrá que ignorar la marcha rampante de la vida que no se detiene a esperarte y que si no te montas con ella te deja implacablemente? ¿O hay que aprender a bailar a su ritmo?

¿Habrá que deshacer las paradojas o incorporarlas sin críticas?

Como dice un amigo: “La vida es una autentica farsa” la frase encierra una de las mayores paradojas de nuestro tiempo. ¿Será que en la actuación de esta farsa se encuentra el origen del estrés como medio de respuesta para lograr la supervivencia?

 

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